ZULOZAR, la nueva experiencia que viviremos este fin de semana con Gerard Ortín

Gerard Ortín es conocido por sus performances que, se estructuran como itinerarios colectivos y proponen una visión de la naturaleza entendida a la vez como espacio mental y físico. Este fin de semana, tanto el sábado como el domingo (previa inscripción desde Tabakalera), podremos disfrutar de una de sus intervenciones en el propio parque de Viveros de Ulia. 

Hablamos con Gerard, en esta entrevista realizada por Leire, para entender un poco más sobre esta experiencia bautizada con el nombre ZULOZAR y que se llevará a cabo en el depósito de aguas Buskando, uno de los tesoros que alberga este parque de Donostia.

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Desde Uliako Lore-Baratzak (ULB), estamos intrigados por su propuesta… ¿Podemos entender el parque y los depósitos desde una nueva perspectiva? ¿Existen rincones escondidos en el parque que aún no conocemos? ¿Misterios que no oímos? ¿Percepciones que en el día a día no reparamos?

Es posible, aunque debo decir que los que estáis involucradas en este proyecto lo conocéis casi todo del parque y, desde luego, mucho mejor que yo. Creo que una parte de mi trabajo puede aportar alguna perspectiva nueva, sí. Pero también creo que en eso me sumo a la ingente cantidad de actividades que lleváis programando, todas ellas tratando de resignificar y de aportar perspectivas nuevas al lugar.

Durante unos años desarrollé un proyecto en una porción de bosque de Collserola (Barcelona), en el que experimentaba con distintos medios —sonido, video, fotografía, performance— y trataba de trabajar en esa brecha entre el lugar y su representación. Lo hice muy cerca de donde había crecido, un sitio que conocía bien. Sin embargo, me di cuenta de que lo más extraño y desconocido puede aparecer en los lugares más cercanos y cotidianos. Así que espero que encontréis algunas sorpresas en ese extrañamiento y esa sintetización de los sonidos del lugar que propone la pieza.

Huerto y selva, campo y landa, terraza y matorral, oasis y desierto, aldea y sabana, constituyen pares bien comprobados que corresponden a la oposición que los geógrafos plantean entre ecúmene y ereme, entre los lugares que los hombres frecuentan día tras día y aquellos donde se aventuran menos habitualmente.

Cité este párrafo de Philippe Descola en una entrevista que me hicieron hace poco en el marco de la exposición. Creo que es interesante pensar en lo elásticos que son esos binomios y en lo contingentes que pueden resultar sus categorizaciones. Determinadas ideas que se asocian a lo natural, un concepto que exige una actualización constante, tienen que ver con esa separación entre lo que nos resulta familiar y lo que desconocemos, entre lo doméstico y lo salvaje; esa visión, y sus implicaciones políticas, han encorsetado el modo en el que lo concebimos. Quiero pensar que en lo cercano y conocido del parque también puede hallarse un lugar al que aventurarse.

Gerard, la mayoría de personas que viene a disfrutar normalmente del parque ha visitado ya los depósitos de agua. Es esta una visita dirigida sólo a quienes no conocen este lugar? ¿Cual es la sensación que buscas transmitir con esta permormance? ¿Qué perspectivas nuevas descubriremos?

Es una visita para todas aunque sigue habiendo mucha gente que no conoce el lugar y para la que descubrirlo va a suponer una experiencia añadida. Creo que la pieza de sonido condensa muchas de las ideas que he recopilado de las conversaciones, los paseos que he dado por el parque y los textos que he podido leer sobre el lugar. Los depósitos actúan como reverberadores de los sonidos de la ciudad, están conectados a ella por el subsuelo.

Así es como arranca la pieza, con una serie de grabaciones que he realizado de ese paisaje urbano proyectado en el interior de Buskando. Poco a poco, a esa acumulación de sonidos graves —de los motores de los coches, del sustrato sonoro de la calle— se le incorpora el parque y con él su fauna, su vegetación, sus habitantes, etc. A partir de ahí el agua sirve como hilo conductor y los sonidos se van sintetizando progresivamente hasta que llegamos a un tramo final en el que prevalece una representación de los depósitos y depuradoras de aguas más contemporáneos (he trabajado grabando los sonidos de los actuales depósitos de aguas de Donosti y de distintas estaciones de Añarbeko Urak), que tiene más que ver con la traducción maquínica y tecnológica del agua como bien comercializado —comodificado. Para mí el potencial que tiene el sonido es la capacidad de situar todos esos objetos sonoros a un mismo nivel en el que lo atribuido al sonido del viento y la vegetación bien pudiera equipararse al agua llenando el depósito o al zumbido grave de la ciudad. Y lo mismo ocurre con los sonidos sintéticos, tienen esa capacidad orgánica de generar analogías.

Por otro lado, he querido invitar a Terri Florido para que cerrase la intervención sonora. En esa progresión que contaba, Terri termina con su trabajo de Geoacústica. Éste consiste en hacer resonar el espacio, en que el propio medio —altavoces, micrófonos, mesa de mezclas— actúe como catalizador del sonido de los depósitos trabajando con feedback —esto es, con los acoples y los bucles que se generan. Terri trabaja buscando “puntos acústicos” en el espacio, tratando de encontrar lugares específicos con varillas de radioestesia. Esos puntos son los que hemos empleado para ubicar los altavoces en ambas piezas, así como los micrófonos en el caso de Terri y que constituyen un elemento activo para excitar esa “imagen geoacústica” de Buskando.

Cómo llegaste al parque y a reflexionar sobre los depósitos? ¿Qué es lo que te atrajo a este lugar?

Creo que hace cosa de un año di con una noticia sobre el parque y la actividad que se estaba realizando allí en la que se mencionaban también las visitas que realizabais —y realizáis— a los depósitos. Luego fui indagando un poco más y me llegó información por parte de algunos amigos. Digamos que mapear este tipo de lugares suele ser algo habitual en mi práctica y en este caso me interesaba la ubicación de los Viveros, en las faldas de Ulia, como espacio a medio camino entre la ciudad y el monte. Pero vuestro proyecto y la necesidad de apropiarse y reivindicar el uso público de un espacio como este fue lo que terminó de convencerme.

Por otro lado, resulta interesante pensar en la función histórica de los Viveros y en la peculiar vocación de almacén que tenía ese lugar, no solo para las plantas sino también para el agua que abastecía la ciudad. Y también en la conexión entre agua y plantas, que es algo que Ignacio Javier Larrañaaga ha tratado en algunos artículos; por ejemplo, con la extraña similitud que guardan los Viveros con el jardín de la Mezquita de Córdoba en una descripción de principios del XIX:

Es una especie de jardín elevado sobre una vasta cisterna; cuatro o cinco pies de tierra, que recubren sus bóvedas, bastan para sostener y alimentar estos hermosos árboles…

Zulozar hace referencia al topónimo que recibía el sitio antes de que se construyesen los depósitos y antes de albergar los Viveros. El origen del topónimo (que significa agujero viejo en euskera) hacía referencia a un profundo agujero en el suelo frente a la casa del guarda del que poco se sabe, al parecer recogía el agua de la lluvia que descendía por Ulia para conducirla hasta el lavadero de Intxaurrondo. Iñigo Agirre me descubrió este topónimo y luego fue Antxon Larratxau, el guarda, quien me contó que era un sitio en el que se reunían los niños a jugar. Me parecía sugerente que ya fuera un punto de encuentro entonces; un agujero en el suelo puede ser el punto de partida para la construcción de un lugar.

Durante estos meses de preparación, te has reunido con muchas personas que han reflexionado sobre el parque, su historia, sus actividades, su memoria… ¿Qué es lo que te han transmitido?

He aprendido muchas cosas de ellas. Muchas veces en mi práctica artística recabo información que luego no empleo en la pieza final o no incorporo de forma explícita. Pero para mí es imprescindible conocer lo mejor posible el terreno en el que trabajo. En Viveros la gente con la que me he encontrado demuestra una clara voluntad de visibilizar el lugar pero también de replantear sus usos, con una capacidad imaginativa y propositiva muy grande. Todo el mundo se mostraba muy abierto cuando les contaba mi proyecto, incluso en su fase menos desarrollada, y me proponían ideas desde su punto de vista —la historia, la botánica, la ornitología, el mantenimiento de aguas, la jardinería, etc. Me han transmitido mucha energía y muchas ganas de desbloquear ese hieratismo que impera en los modos como concebimos los espacios públicos y comunes de la ciudad.

Has vivido en el extranjero. ¿Has conocido proyectos similares a ULB? ¿Qué actitud muestra la sociedad y los mandatarios hacia proyectos comunitarios como el nuestro?

Intervención de Gerard OrtínSí, en los dos años que viví en Ámsterdam conocí varias iniciativas aunque cada una con sus particularidades. Irati Gorostidi me descubrió un proyecto iniciado por el colectivo Cascoland con el vecindario del distrito de Kolenkit, una zona al oeste de Ámsterdam. Entre los muchos proyectos que realizaron allí, con la ayuda de los vecinos se habían apropiado de un pequeño terreno descampado que quedaba entre el ring (el cinturón de la A10), el barrio de Bos en Lommer y la iglesia de Kolenkit. Una de las primeras formas de ocupación del espacio, donde las normativas no permiten realizar instalaciones de mobiliario permanentes, fue mediante dispositivos móviles (pequeñas granjas-remolque, roulottes, barbacoas, jardineras o incluso una pista de patinar sobre hielo, etc.). Cuando yo llegué, habían instalado un comedor que funcionaba dos días a la semana a un precio muy asequible y gestionado por las vecinas del barrio. Irati trabajaba en un proyecto que consistía en gestionar un horno de pan que funcionaba con biomasa hecha de pan viejo que se recuperaba en unos contenedores habilitados en el barrio. Es uno de los barrios con más inmigración de Ámsterdam en el que un horno de pan o un comedor popular son lugares de encuentro y de intercambio entre gente de muy distinta procedencia. En Ámsterdam hay muchos sitios y propuestas interesantes pero también tuve la sensación de que las instituciones adoptan una actitud algo paternalista y siempre buscan tenerlo todo bajo control. Mi percepción era que cuando se realizaba una propuesta de este tipo no se cuestionaba demasiado la posición de las instituciones y de la administración pública, que por otro lado estaba siempre más abierta a fomentar nuevos usos del espacio público. No hay que olvidar que en Ámsterdam hay una gran tradición que viene de los 60, desde los movimientos Provo hasta los movimientos okupas, ecologistas, etc., y eso ha sido asimilado institucionalmente.

También realicé una performance en Diemer Vijfhoek, donde en la década de los sesenta, durante la extensión del dique de protección para la Central Eléctrica de Diemen se realizó un dragado de arenas dando lugar a una península pentagonal que, con el paso de los años, se transformó en zona verde. Durante los setenta, los alrededores de la península fueron utilizados además como vertedero químico. Esa península abandonada terminó siendo, paradójicamente, una de las zonas verdes más vírgenes —si cabe esta palabra en un país en que los parques son construcciones sintéticas con alfombras de hierba que se reemplazan y se mantienen constantemente, lagos artificiales, falsos montes en un terreno prácticamente llano, etc. Lo interesante es que gracias a ese abandono se había convertido en un lugar muy rico en el que había una gran concentración de anfibios, de reptiles, de insectos y sobretodo de aves así como una vegetación que no se encontraba en ningún otro lugar de Ámsterdam.

Creo que desde Viveros se está optando por un modelo de parque que tiene mucho que ver con esta idea de dejar crecer, dejar que las plantas tengan su espacio y se generen hábitats para la fauna. Zonas más silvestres y agrestes que benefician a la gran cantidad de aves que se refugian en el parque, a los anfibios de Ulia, a los insectos, a los visitantes y los usuarios habituales. Por desgracia, esta estrategia no es siempre la más apreciada porque no coincide con la imagen canónica de lo que entendemos por un parque o un jardín. Pero tal vez lo que hay que cuestionar es eso y no el “desorden” visual que nos genera ver la hierba sin cortar.

Por lo que nos has contando, la performance se realizará dentro del depósito, llevando el alma del parque a su interior. Normalmente, en nuestras visitas, paseamos por el parque hablando sobre historia, patrimonio y la gestión del agua, y finalizamos entrando en el depósito de Buskando. En ZULOZAR vuelcas esta lógica para sentir el parque en el interior del depósito. ¿Por qué este cambio de plano?

Quiero que la gente tenga, al terminar, libertad para explorar el parque a su antojo; que puedan pasearse, descubrir los distintos rincones y pasar todo el tiempo que les apetezca. Por otro lado trato de generar ese efecto de “desnaturalización” del lugar y sus sonidos, accediendo primero a un espacio en el que el parque se virtualiza, para luego dejar la puerta abierta a su reconocimiento sobre el terreno. Pero por supuesto, por un lado está mi intención y por otro la recepción que cada una vaya a tener, que es bien personal y subjetiva.

¿Buscas transmitir unas sensaciones en concreto?

Tal vez diría que busco proponer una reordenación en la que no prevalezcan unos sonidos sobre otros sino que todos se puedan considerar como parte de un mismo sistema (urbano, vegetal, animal, tecnológico, etc.). Al fin y al cabo, es en ese crisol sonoro en el que el parque tiene que encontrar su espacio. Pero también hay una serie de capas históricas que tienen que ver con los usos del lugar en el pasado y con el agua como protagonista y elemento conductor. A un nivel más sensorial diría que busco generar un espacio hipnótico que pueda suscitar una suerte de trance muy ligero, cinemático pero frágil, en el que siempre esté presente el espacio donde tiene lugar la pieza. En ese sentido, creo que la propuesta de Terri Florido puede ser el cierre perfecto.

¿Cual es tu visión de futuro para este parque?¿Como visualizas ULB y el parque de Viveros de Ulia en los próximos años?

Me he sorprendido mucho de ver lo vivo que está este parque, no solo gracias a las actividades que realizáis desde ULB sino desde el uso que le dan sus visitantes en el día a día. Me gustaría que se pudiese mantener activo como espacio cultural y de generación de pensamiento crítico, con esa versatilidad que tiene para acoger tanto propuestas artísticas como talleres prácticos de todo tipo —de realización de esquejes, entorno al archivo de semillas o de aproximación a la sega—. Pero que nadie confunda esto con un proyecto de construcción de un museo o un centro cultural o algo por el estilo. Creo que en Viveros encontramos una imagen real de lo que un parque debería ser, y como digo, una lección de corresponsabilización de los vecinos de la que tomar nota. Por desgracia, en el poco tiempo que he estado en esta ciudad he podido comprobar como hay una cierta insensibilidad a la hora de identificar y poner en valor el patrimonio local. Solo espero que tengáis los recursos suficientes y la energía colectiva necesaria para dar continuidad a este proyecto y que con los años se reconozca como el lugar de referencia que es. Espero también que se consigan los apoyos suficientes para frenar el proyecto de construcción de apartamentos y que se escuche la voluntad de las vecinas y vecinos, así como de los usuarios del parque y la ciudadanía.

Esker mila Gerard! Os recordamos que la inscripción a este iniciativa de Gerard Ortín junto a Terri Florido ha de realizarse desde el site de Tabakalera. Tendremos la posibilidad de experimentar de esta pieza inédita en tres sesiones, el sábado a las 17:00 y a as 18:00 horas, y el domingo, a las 17:00, en el parque de Viveros de Ulia.

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